miércoles, 29 de junio de 2016

Ceremonia de apertura de lugar, bajo la luz de Sirio

En aquel tiempo, yo no sabía aún quién era Emilio Fiel. Y realmente, no fue hasta después de aquella noche cuando supe de él y de las cosas que está haciendo. Aunque me di perfecta cuenta de que el hombre que ofició aquella fascinante ceremonia tenía que ser alguien muy especial.

Sucedió al poco de iniciarse la primavera de 2009, en un lugar de gran tradición mágica y de veneración a la Diosa Madre ancestral: la aldea de El Rocío (Huelva), famosísima en todo el mundo por su Virgen y su romería en Pentecostés. Todavía me pregunto si fue o no una casualidad el que aquella noche, una hora antes, Eli y yo, al más puro estilo romero (aunque no fuera la fecha), nos hubiésemos bautizado el uno al otro en las aguas del sagrado río Quema...

Emilio Fiel y los Danzantes Concheros de Hispania se encontraban en una plaza de la aldea, y él presidía una impactante ceremonia de apertura de lugar, bajo la luz de Sirio, estrella a la que invocó, y que imperaba en el cielo sobre nuestras cabezas. Los Concheros tocaban sus conchas, esa especie de guitarra hecha con el caparazón de una tortuga, aunque no danzaron.

En un momento del magnético ritual, los asistentes fueron ahumados. Cuando todos pasaron, Eli, más valiente que yo, pidió recibir también el incienso sagrado y fue cordialmente acogida. Yo, en cambio, prisionero de mis inseguridades, no me atreví a pedirlo, a pesar de que estaba hipnotizado por la convergencia de fuerzas que allí se manifestaba.

Como tantas otras veces, lamento haber perdido la ocasión.

Ahora que ya todo es distinto, que yo soy distinto, tal vez el destino me dé una segunda oportunidad.