sábado, 2 de julio de 2016

Abandonados en las Islas de Arán

A pocos kilómetros de Doolin (Irlanda), donde embarcaríamos hacia las Aran Islands para pasar el día, detuvimos el coche y admiramos el paisaje. Una torre con aire medieval presidía la escena. Eli y yo contemplamos fascinados aquel lugar perfecto, primordial, donde las frías aguas del Atlántico Norte se perdían hasta el horizonte.

"Sin duda -pensé-, la Ítaca que yo busco debe estar más allá, en esta dirección".

Tomamos el barco, el Tranquility, un curioso nombre para aquel cascarón de nuez que no paraba de zarandearse y marearnos con el oleaje. Navegamos por aguas de delfines y dejamos atrás las islas de Inisheer e Inishmaan, y llegamos a nuestro destino, la isla más lejana de todas, Inishmore. Y allí, en contra de todo pronóstico, nos quedamos y pasamos la noche. No fue previsto. No fue decidido. Tampoco hubo ninguna circunstancia sobrevenida. Fue, simplemente, porque perdimos el barco...

Y esto fue una gran suerte.

Cuando a las cinco de la tarde (la hora a la que debimos haber embarcado en el Tranquility), la isla se vació de turistas, las calles y caminos de Inishmore quedaron desiertos. Conocimos y recorrimos, incluso a oscuras, la isla, la de verdad. Hablamos con personas encantadoras, deseosas de charlar con los dos extranjeros, y avanzada la noche, disfrutamos de la cerveza y de las canciones y los bailes tradicionales del conjunto irlandés que actuó en uno de los dos únicos pubs que había en toda la isla.

Cuenta una leyenda gaélica que El Creador, hechizado por la belleza de las Aran Islands, ordenó que las estrellas siguieran brillando aquí con el mismo fulgor primigenio que tenían cuando las islas emergieron del mar. Sin embargo, Eli y yo fuimos privados de aquel tesoro: el cielo estaba cubierto y no abrió. Al parecer, según nos dijeron después, las nubes fueron cosa de San Enda, el patrón de la isla; el muy pícaro gasta esta broma a los visitantes que le caen bien, para que tengan que volver otra vez a este paraíso.

Al día siguiente, el Tranquility regresó a buscarnos. Yo maldije que lo hiciera.